Santiago Iñiguez, Decano del Instituto de Empresa Business School.
“El fuego quema tanto en Grecia como en Persia, pero las ideas de la gente acerca de lo bueno y lo malo varían de un lugar a otro”, escribió Aristóteles en su Ética a Nicómaco. Difícilmente se podría acusar al Gran Filósofo de ser exponente del relativismo moral, pero los defensores de esta corriente filosófica han utilizado este pasaje con frecuencia para ilustrar su tesis básica: que los principios morales tienen un fundamento cultural y, por lo tanto, varían de una cultura a otra. Desde esta observación descriptiva, los relativistas saltan a la esfera normativa y afirman que debemos respetar las costumbres de otras culturas, tanto si nos parecen correctas o incorrectas.
Ayer recordaba esta cita de Aristóteles durante una conversación sobre los códigos de ética (o códigos de conducta de alumnos) en escuelas de negocios con representantes de Sumaq, la alianza de las escuelas líderes de América Latina. Algo reconfortante fue comprobar que otros decanos y directores reconocen enfrentarse a los mismos retos que yo me encuentro en el diseño e implementación de códigos éticos en programas MBA con un perfil de alumnos marcadamente cross-cultural. El reto es cómo hacer compatible que todos los alumnos respeten un conjunto definido de reglas comunes -una suerte de decálogo global o mínimo común denominador moral- con el respeto a la diversidad cultural y a la divergencia de costumbres.
En nuestro International MBA -con participantes de más de 40 nacionalidades distintas y sin una cultura dominante- se producen múltiples choques culturales entre los alumnos todos los años. Esto es normal, y refleja lo que sucede en el mundo real. Lo importante es saber cómo resolver estos choques y aprender de la experiencia. Ciertamente, algo que nuestros alumnos deberían aprender durante el programa es cómo resolver efectiva y respetuosamente estos conflictos.
Me opongo personalmente al relativismo moral. Debemos respetar la diversidad cultural pero no podemos admitir, por ejemplo, que se produzcan prejuicios sexistas en nuestras clases, aunque desgraciadamente puedan ser prácticas comunes en otras culturas. Pienso que los códigos de conducta en los programas MBA funcionan como “igualadores” morales. Son parte del aprendizaje global que adquieren nuestros estudiantes.
Martin Varsavsky (4th from right ) spoke yesterday with members of Sumaq.















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